Evangelio de Tomás – Logion 50

Aquí, lo primero que nos presentan es el papel de la luz, y en lo que primero pienso es en el comienzo del evangelio de Juan 1:1-3

1En el principio ya existía la Palabra;
y la Palabra estaba junto a Dios y era Dios.
Ya en el principio estaba junto a Dios.
Todo fue hecho por medio de ella
y nada se hizo sin contar con ella.
Cuanto fue hecho era ya vida en ella,
y esa vida era luz para la humanidad;
luz que resplandece en las tinieblas
y que las tinieblas no han podido sofocar.

Por lo tanto, percibo que el dicho se refiere a que nuestro origen viene del Dios Padre que está antes de la manifestación material y aquí lo está refiriendo como luz.  Venimos de la luz y somos parte de esta luz. Somos su imagen.

También comienzo a pensar en las limitación de nuestras vidas. No nos damos cuenta de esta presencia de luz en nuestro ser es nuestra verdadera identidad. Nuestro yo psicológico enmascara esta realidad más profunda y vemos nuestras vidas simplemente moviéndose en un eje horizontal de tiempo. Dedicamos tiempo en conocernos  a nosotros mismos muchas veces buscando en nuestro pasado razones porque somos como somos y buscamos la forma de encontrar los errores y perdonarnos y encontramos vivencias que necesitan saneamiento. Aunque este proceso es positivo, al ayudarnos a conectarnos con nosotros mismos y sanear vivencias que se han depositado en nuestro cuerpo, algunas veces perdemos la perspectiva y creemos que somos producto solamente de nuestro pasado.

El dicho nos recuerda que somos hijos de la luz y que además el signo es de movimiento y reposo. Aquí interpreto que la luz realmente nos viene en forma vertical y que nuestra vida esta influenciada de momento a momento por ella. Es lo que nos hace vivir.  Por lo tanto si estoy consciente de esto y también de tener esta chispa de luz en mi ser, puedo ser un canal atreves de mis actividades.

  ¿Cómo podría alimentar a mi conciencia sobre esta Presencia, sería la pregunta? Estando más atento de las cosas en el presente. Este es el momento en que estamos verdaderamente despiertos.

Nuestro derecho de nacimiento a partir de la luz  nos permite que podamos conocernos quien somos realmente y activar la fuerza que se origina cuando vivimos en el aquí y en el ahora.  Después que nos damos cuenta que no somos producto de nuestro pasado y comenzamos a realizar la existencia de esta luz interior, comenzamos a perder el miedo y romper con viejos condicionamientos que nos tenían atrapados. Vamos encontrando una fuerza interior que jamás imaginábamos de estar ahí que nos va llevando en nuestro camino sin perder el curso. Por un camino desconocido  pero que interiormente percibimos que es verdadero.

Autor: Josefina Fernández