Evangelio de Tomás – Logion 97

Al leer este dicho una y otra vez lo que pienso es que el Reino de Dios está en nuestro cuerpo y aquí está representado su acceso con la imagen de “la jarra llena de harina”. Cuando nacemos tenemos esta chispa de luz divina que nos hace vivir y que siempre está en nosotros y está ahí para que podamos accederla a lo largo de nuestras vidas, por los múltiples caminos que se nos ofrezcan.

Sin embargo, al correr del tiempo, con todo las distracciones a través de nuestros sentidos vamos creando múltiples capas de condicionamientos que son los que nos van a permitir vivir en este mundo material. Llega un momento que todas la presiones, angustias, responsabilidades hacen que comencemos a olvidar el gran tesoro que tenemos en nosotros. Desarrollamos una actitud inconsciente ante todas las cosas y no nos damos cuenta y vivimos como si estuviéramos dormidos.

“La jarra llena de harina” como símbolo de nuestro camino y conexión al verdadero Yo, está conexión directa,  que así fue como llegamos al mundo, se va deteriorando hasta que llegamos a una etapa en la vida, posiblemente después de una gran enfermedad, perdida familiar, divorcio o estamos cercanos a la muerte que comenzamos a darnos cuenta de lo que es importante en la vida. 

En este dicho, lamentablemente llegamos al final de la vida y nos encontramos que la jarra está vacía, que no  hemos podido  conectarnos con nuestro verdadero Ser.